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Silencio de radio

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La vida es tan efímera Cargada de fragilidad Cómo hacer para ser feliz Si todo sabe agrio Falaz transitar Había algo en tu mirada Nunca pensé nada grave Y saltaste de un décimo piso Pensando que sabías volar Yo, creía en tus palabras Que sólo el amor bastaba No hay música si no estás Yo quería darte una oportunidad No soporto a nadie amigo Ya no se cómo vivir en sociedad Este mar de hipocresía Donde todo es aparentar El consumismo te envuelve Desalentando la individualidad Salvo que sea egoísta Causalidad Para poder sobre otro resaltar Puse mi mirada sobre ti Nada sucedió Salvo dentro mí. Hoy te fuiste Y no te conocí Silencio en mi llanto Que cae Tú sabías Y te llevaste la verdad contigo Hay talentos que caen en torpeza Espero estén contentos Ahora que nada siento Bettina Dávalos
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Acaso pensaste que quería ser tu novia, Caminar de la mano Y presentarte a mis padres.  Me parece imaginaste quería yo casarme, Salidas con amigos titulares  Y obligarnos a pasar tarde tras tarde. Simplemente quería tu compañía,  Salir a caminar los fines de semana  Y tener intimidad en la tibieza de tus manos.  Ni pensé en compartir Navidades, Tener cenas con velas  U osar ponernos etiquetas más grandes.  No tengo ganas de rendir cuentas, Comprarte regalos ni darte felicidades  Y nada de eso de compartir proyectos formales. Sólo quería tenerte cerca de mis realidades Contar contigo por las mañanas  Y algunas parrandas hasta bien tarde. No creas que soñé con el vestido blanco, Mucho menos cuestiones protocolares  Ni una gran casa llena de puertas que no se abren. Solicito un poco de cariño y amistad, Generar alegrías, aprender a confiar, Contar c...

Escena de tarde

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Es tarde y Dany me espera. Cuento setenta gotas de hamammelis mezcladas con lo que queda de té blanco en mi taza y los tomo con una pastilla de centella asiática. Agarro el bolso y bajo por las escaleras. La pesada puerta de calle se me viene encima, no me siento con fuerza hoy, y logro salir más con dificultad.  Aún queda algo de sol de otoño para el camino. Cruzo la calle y sigo derecho. Los remedios homeopáticos me han mareado. No estoy bien. Camino en una vereda llena de hojas, mientras percibo el tránsito a mi izquierda que avanza lentamente. El olor a marihuana desde un auto viejo y cubierto de polvo termina de repugnarme.  De frente avanza una pareja de hombres de alrededor treinta años, parecen salir de la clínica de la esquina; el más joven le abre la puerta de la camioneta para que suba quien tiene una venda en el brazo izquierdo y luce desmejorado, justo cuando paso a su lado. La imagen me hace anhelar algo de afecto. Quizá mucho afecto.  En la esq...