Enero nuevo
Me desperté acalorada este sábado dos de enero, cuando sonó mi celular. Miré la hora, no había sonado la alarma aún, dudé en responder pero me pareció importante; temprano me ponía en el lugar del otro... Habían más mensajes de la noche anterior a los que decidí darle importancia. Reacomodé mi cuerpo en la cama. Mi perro cachorro notó mis movimientos y vino a saludar. Por suerte dormí con ventilador -cosa que evito-, mi hija está de vacaciones y pude usarlo en segunda noche consecutiva. Sentí gratitud. Me levanté de la cama, acaricié a mi perro y me volví a acostar pero boca abajo. El ventilador giraba para un lado y para el otro, y otra vez giraba para un lado y para el otro. Hoy podía sentir la ventilación como caricia, hoy el calor era menos bravo que ayer, hoy miré de nuevo la hora y me despedí de las sábanas revueltas y con presencia de perrunas huellas pequeñas. Mientras caminaba por la casa repasaba este año nuevo, los seres presentes, los grandes ausentes, lo que no quiero...