Escena de tarde
Es tarde y Dany me espera. Cuento setenta gotas de hamammelis mezcladas con lo que queda de té blanco en mi taza y los tomo con una pastilla de centella asiática. Agarro el bolso y bajo por las escaleras. La pesada puerta de calle se me viene encima, no me siento con fuerza hoy, y logro salir más con dificultad. Aún queda algo de sol de otoño para el camino. Cruzo la calle y sigo derecho. Los remedios homeopáticos me han mareado. No estoy bien. Camino en una vereda llena de hojas, mientras percibo el tránsito a mi izquierda que avanza lentamente. El olor a marihuana desde un auto viejo y cubierto de polvo termina de repugnarme. De frente avanza una pareja de hombres de alrededor treinta años, parecen salir de la clínica de la esquina; el más joven le abre la puerta de la camioneta para que suba quien tiene una venda en el brazo izquierdo y luce desmejorado, justo cuando paso a su lado. La imagen me hace anhelar algo de afecto. Quizá mucho afecto. En la esq...