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Mostrando las entradas etiquetadas como filosofía de vida

No me enamoro

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Yo no me enamoro de un hombre. No. Yo me enamoro de una ilusión, De un hormigueo en el vientre, Del temblar de los labios, Del juego de las manos, Del cantar de mi voz, Del lagrimear de mis ojos, Del danzar de mis pies, Del brillo en mi mirada, De la piel de gallina, Del avergonzarme con mis sonrisas,  Indiscretas e incontenibles, Del latir de mi corazón Tan sólo de leer un nombre O de oírnos de a dos. Yo no me enamoro de un hombre. No. Yo me enamoro de lo que creo es amor, Por lo que siento, cuando estamos los dos.

Buen día

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Me gusta empezar a trabajar temprano,  Cuando aún es de noche,  Con un buen café,  Mientras la gente duerme. Me gusta la calma, por eso, Las primeras horas de la mañana  Son especiales para mí.  Hay amaneceres donde Los colores pasteles en trazas  Y la temperatura moderada  Duran tan sólo unos instantes mientras, El sol con sus rayos acaricia la mirada  Y se cuela entre los edificios  Para despertarlos uno por uno. Ver como todo se ilumina, Me da mucha paz, Que en la madrugada hay guardar  Para el resto del día. A la gente le gusta el ruido Y yo necesito que la progresión de los hechos Tome su fuerza de a poco. La música en mis oídos invita a pensarte. En una hoja blanca de papel anoto  Aquella con la que deseo contar  Cuándo tú al fin llegues. Pues, ansío llegar lentamente Hasta tu boca sin escalas,  Donde puedo reposar en los labios. Fotografía: Bettina Dávalos

Planes

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Nada resultó según lo planeado. En segundo año abandoné la carrera de grado, Aquella que siempre creí sería mi vocación. No me casé con aquel amor de la primaria Ni con el de la secundaria ni el de la universidad. No fui a conocer la Antártida con mi madre, Ni la Isla de Pascua ni el Taj Mahal. No sembré calas en mi jardín Ni me anoté a misionar por los Valles Calchaquíes. No tuve cinco hijos, ¡menos mal! Pero me llené de canas igual. No asistí al curso de cocina árabe Ni los lunes al de chino mandarín. No recorrí México de mochilera Ni a ningún otro país. No tiré el origami que alguien me regaló Ni las fotos con mi primer amor. No logré perdonar a la amiga que me usó Ni al jefe que me mintió. No pude mantener aquel trabajo en el que era infeliz Ni pude prometer lo que sabía que no iba a cumplir. No alcancé a borrar los besos del que alguna vez amé, Ni siquiera una palabra de las que quise creer. No me volví egoísta en un mundo indiv...

Mujeres que buscan

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El vaso está casi lleno pero ese "casi" las atormenta. Abren su corazón, lo cierran, Lo amurallan y lo asoman una vez más. Procuran, se dan, se brindan a cambio de nada. Más la nada, la incertidumbre alimenta. Un nunca acabar, un siempre intentar. Ir detrás de algo que parece nunca llegar. No sabemos bien de qué, Ya que es más bien una idea de lo que debería ser. Algo como lo que tiene la vecina pero más lindo, Parecido a lo que vivió una amiga pero más intenso, Similar a lo visto en una película pero real, Fantástico e inquebrantable como enseñó la mamá. Así pasan las horas, día tras día, Toda una vida en estado de alerta. Dios no quiera que se lo pierdan por distraídas. No vaya a ser que justo alguien más aprovechó la oportunidad. Y sin querer alimentan un cuasi dolor, Una seudo angustia, un no sé que tal Que no se ve pero se siente, y pesa Como si las bolsas del supermercado estuvieran apiladas Una encima de la otra sobre el pecho,...

Penélope

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Como la triste canción ella se llamaba Penélope. Sus cabellos de color castaño claro sabían danzar en el viento mientras que su mirada melancólica de grandes ojos verdes era empañada por una sonrisa generosa. Era delgada y distinguida. Su piel era como de satén y sus manos parecían de pianista. Podías hacer como si no la notaras, con lo cual la desafiarías. Aparentaba ser segura y decidida. Y no dudaba en mirarte con desdén. No le temía al mundo, o al menos eso suponía. Solía caminar seria, como concentrada en lo que tenía que hacer. Tenía un humor sarcástico que no todos podían entender. Opinóloga de nacimiento, ella todo quería saber, aunque mucho conocía o al menos nos lo hacía parecer. Soberbia por momentos, para algunos no del todo agradable. Sucede que era como un meteorito pero, encantadora en verdad. Amante de la naturaleza. Portaba un estilo simple y relajado. Tenía un corazón sincero, cariño predispuesto, afinidad con los niños y gran solidaridad, podías contar con el...