Pero no
Si me preguntan por él debo decir que no lo conocí más allá de haber tenido un par de encuentros íntimos, no sé. No sé cual es su color favorito, en que ciudades ha caminado, que música acompaña su jornada ni cual es su sabor de helado, o si come goma de mascar... Nunca hablamos de sus sueños, -ni sé si alguno tiene- o que piensa acerca del pasado, y si olió alguna flor real. La última vez en su morada caminaba descalzo; había empezado a fumar. Bebía siempre gin con hielo. A mi me daba igual. Se hacía el espíritu anciano pero actuaba como un niño (de los que almuerzan casi a diario con mamá). La noche cuando lo conocí aquella en el bar de Pepe, nos paramos frente a frente, mirándonos a los ojos fijamente, ambos de color marrón. Inevitable sonreír... Los cuerpos se acercaron con la luz tenue, música de festejo (la contradicción). La noche fue avanzando, nuestros amigos uno a uno marchando. El adiós era consigo imposible consentir. Esa noche lloviznaba. Caminamos a su mor...