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Mostrando las entradas etiquetadas como aventura

Seducción

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Vos allá, tan lejos Tan brillante Tan lindo Quizás algún día En esos ojos azules Me vuelva a ver Y en esos brazos fuertes Volverme a perder. ¿Qué es un verano Sin tu cálida voz? Las olas son ecos De tu ausencia. Le pediré a la Luna, Que se mira en el Atlántico, Me diga por donde vas Y te buscaré  Cada vez que pise la arena Por si la fortuna Me vuelve a tocar. De punta a punta Recorreré playas grandes Y a las pequeñas Por si en alguna punta Te pueda azarosamente cruzar. Bettina Dávalos

Olor a lluvia

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Tomó mi mano y dijo: -Va a llover. Sonreí incrédula, Miré al cielo y comenté: -La noche está estrellada. Me devolvió la sonrisa Y pacientemente respondió: -¿Hueles? ese aroma es mi preferido, Desde muy pequeño lo percibo, Y sé que va a venir... En algún cercano lugar La tierra está húmeda,  El viento nos adelanta su aroma, Se siente el olor a lluvia. Será mejor que nos apuremos Ella nos alcanzará en el camino Y en la motocicleta  Seremos presa fácil. Hasta sería peligroso. -Vamos, estoy lista. Le dije Mientras intentaba oler, Me agarraré fuerte de él. A quince cuadras de destino, Parecíamos patos bien mojados Hasta las medias. Reíamos y no dudamos en disfrutar. Estábamos enamorados. Yo llevaba un pantalón rojo Y una blusa azul nueva -Regalo de mi hermana- Por mi reciente aniversario. Él llevaba pantalón color caqui Y su remera blanca preferida. Temía desteñir más que caer. La temperatura había descendido ...
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Un mensaje de texto No tiene color, sabor ni aroma. Es una promesa sin piel, Una melodía sin voz. Las palabras no tienen peso Si no las llegas a concretar. Meras líneas improvisadas, Carentes de sensaciones. Los dedos saltan  Entre las teclas. Repasan su coreografía Para un pálido escenario. Si falta la sensación del presente, El cuerpo no puede danzar, La mirada se aparta, La boca se seca. Un perfume a nada Saturando el pecho, Espesando el aire Y helando el vientre, las entrañas. Algún timbre en el teléfono Y un número en la pantalla Indicarán que hay un nuevo mensaje. Más de lo mismo. Detrás de la pantalla,  Todo. Detrás de la puerta,  Nadie, nunca hay nadie.

Alguna vez amaste en Buenos Aires

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Fotografía: San Telmo. Bettina Dávalos. Son esos días en los que hace tanto frio Que no se siente para nada la baja temperatura Porque él te dió su enorme campera A cambio de un pequeño y fino suéter de hilo,  Cuello a la base, color chocolate, Que traías solamente por si acaso El precioso Sol se fuese a descansar. Mientras se abrazan en un vagón de la línea B, Vos vas encogida, casi envuelta, Y él, agigantado en algo que parece una pupera, Te mira tiernamente y conversa  A cambio de una sola de tus amplias sonrisas. Completan la postal con una carcajada Que se desarma cuando el subte llega ruidosamente  A la parada para combinar con el siguiente tren Justo debajo del Obelisco.  La gente pasa apresurada por doquier,  Caminando en distintas direcciones, Al tiempo que ustedes deciden anticipar el fin del viaje Y prolongar la luz de las velas, A cambio de un paseo nocturno por Lavalle  ...

Volver a empezar

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Voy a partir mañana temprano En busca de una nueva oportunidad. En las manos de un ángel Mi futuro estará. He recorrido un camino serpenteante, He naufragado en noches de ansiedad, He soñado y he dormido, Más he temido despertar. Quedan pocas horas de distancia Entre la esperanza y la frialidad. Mis afectos hoy sonríen, Y mañana aún más. Voy a renacer Por la gran solidaridad Del que da sin esperar nada a cambio Porque cree en el más allá. Hasta aquí he llegado con esfuerzo Gracias a la fortaleza y a la gracia. Desde aquí, escribiré nuevas páginas Sobre la alegría y la fraternidad. Mi conciencia ha cambiado pues, Alguien pensando en mí se ha marchado. Hoy somos uno, todos y cada uno, Apostando a la vida una vez más. Jeanne Bessette  

La historia del taxi

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Apurada salió de casa, dio la vuelta a la manzana para llegar a la avenida y tomar un taxi. El semáforo cambió a verde y le impidió cruzar; el conductor la vió y respondió con rapidez para esperarla. Se tranquilizó cuando notó que el auto ya aguardaba; en pocos segundos ya habían emprendido la marcha. Había tenido una semana agitada, de esas donde las emociones son ambiguas y el pesar persistente. Los tiempos calculados fueron correctos, así que simplemente aprovechó el viaje para relajar la mente.  Más, como buen taxista, el chofer tenía algo que comentar. Pasaron por una manifestación, lograron circular, “porque no era lunes” - dijo él. Pasaron por una villa de emergencia, le habló de la inseguridad y del compañero que no pudo zafar. Pasaron por la estación Terminal de ómnibus interurbanos, “pero que linda está”- susurró. Y no supo bien como salió el tema de la felicidad. “Tan sólo después de veintiocho días de habernos conocido, ella y yo nos casamos” Con u...

La historia del Bar

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    Se conocieron un sábado a la noche. Elvira tenía una copa encima mientras que Augusto portaba algunos tragos de más. Los dos salieron aquella noche para acompañar a unos amigos: los dos salieron distraídos sin mucha intención.    Después que sus compañeros entablaran el diálogo en la barra que todos compartían, volvieron sus miradas errantes hacia los ojos del otro. Lo pensaron por un instante y empezaron a charlar. De los otros se olvidaron y se animaron a bailar.    Con la madrugada llegó el primer beso y la invitación para algo más. Tomados de la mano partieron juntos a desayunar. Querían seguir compartiendo historias y escribir una más.    Para la hora del té, ella propuso un pacto de treinta días, ni uno más. En caso de que él aceptara, el lunes debía confirmar.    Augusto pensó la propuesta, compromiso no andaba buscando pero, ella dejó bien en claro que el día treinta y uno ellos volverían a ser dos extraños. Le llamó ...

¿Y ahora?

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Fotografía: Nastia Vesna ¿Qué hago? ¿Qué hago? Si de otro me he enamorado. Si tú y yo estamos fracturados. Si la ilusión es él. ¿Qué digo? ¿Qué callo? Si odio mentir y Aunque el fracaso es cruel, Mi verdad es él. ¿Donde iré? ¡Llévame! Estoy aturdida. No concibo vida sin su cariño. No quiero estar conmigo sin él. ¿A quien elijo? Seguridad o aventura. Historia o incertidumbre. Final o principio. ¿Qué quiero? ¿Me quiero? ¿Acaso era infeliz? Tal vez la falla está en mí, Inventé un sentir para sufrir en vano. Será que estoy aburrida de lo afortunados que somos, y voy inventando problemas, saturando la imaginación...

Ineludible avidez

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   Si al menos nos hubiera unido el amor y no el deseo... Ese travieso deseo que busca salirse de curso a cada rato     y al final de cada encuentro;  que es fugaz después que toca la piel     y al mismo tiempo cautivo de su hedonismo y su afán de conquista.     Aquel que descubre lo exquisito  cuando bien intuye  entre los aromas pertinentes.    Deseo caprichoso que se obnubila ante esos labios rojos;  más luego, perenne al poco tiempo de consumada la osadía.    Es también lo escurridizo cuando estoy y no estás.  En ocasiones es prohibido, si hay otros mirando hacia aquí.    Oh deseo fugitivo cuando elijo alejarme de ti. Maldito deseo del que no logro huir,     el que no logro manejar;  que nos atrae  y, más de una vez,     nos aleja aunque estemos cerca. Deseo que no tienes rostro, ni raza ni religión.     Pe...

Amor de colegiala

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Tenía tan sólo 13 años cuando lo vi por primera vez. Fue en un acto en el teatro Alberdi. Él se encontraba dos palcos a la derecha del mío, había concurrido a ver a su hermana, me enteré luego, mientras que yo había ido a ver a mi hermano el día de su graduación. Recuerdo aquellos días en el que le vía caminando por la vereda de enfrente en dirección opuesta por la calle más importante de mi ciudad. Solía salir de clases, pues llevaba sus libros y cuadernos rozando su camisa blanca algo desarreglada con ausente corbata que para esas horas estaba colgando del bolsillo del pantalón gris y esa carita de chico tímido y algo perturbado ya ansioso por llegar a su casa a almorzar. Su piel era blanca y sus pómulos rosados, sus cabellos lacios y negros, su estatura mediana, no creo que mucho más alto que yo. La mirada me resultaba misteriosa, todo en él me resultaba un misterio. Incluso su nombre, su edad, su voz. También recuerdo medio cigarrillo entre sus dedos, siempre o casi siempre uno de...

La receta

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En tu cocina y a baño maría Se van gestando mis impaciencias. Se inquietan los labios tibios, Aroma a frutos rojos de selección. Experto y cuidadoso eliges ingredientes De recetas de manjares según la situación. Quieres deleitar a cada sentido Y como chocolate derretir mi corazón. Para caramelizar esta conquista Mezclas con amplia confianza, Mientras se hace agua mi boca Con los aromas de tu voz. No se de donde saliste ni porque estas aquí, Nada revierte el hecho de tenerme frente a ti. Cual es el secreto de esta tentación, Oculto el condimento, atractivo sabor. Sabes transportarme al punto justo, Donde resistirme ya no puedo. No me canso de degustar tu mirada, Y de querer una pizca más. El cronómetro ha sonado, todo está a punto, La mesa servida, la trama también. El postre gran sorpresa, Traviesa empieza a imaginar mi cabeza.

Crítica

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Que pícaro el destino. O tal vez que perverso. Cuando alcanzo un momento, Lo arrebata muy cruento. Es la lucha mi vida, Batallas que no puedo evitar. Dudas más que certezas, Un deseo de libertad. Sueño mientras duermo, Antes lo lograba a ojos plenos, Más cuando me levanto Se esfuma también mi ilusión. Tengo lo que merezco o atraigo lo que detesto. Será que debo seguir aprendiendo y aún no me convenzo. Fotografía: Nastia Vesna

Confesión

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Digo con gran esfuerzo que te quiero olvidar pero, este querer mío parece grabado en lo profundo del alma que solitaria e ilusa imagina otro final. ¿De donde vienen mis lágrimas? brotan y brotan inoportunas sin preguntar. ¿Por qué te extraño tanto? es la pregunta que no para de rodar. Alejarme de ti no puedo ya que no estás. No se si ni de lo que estoy hablando, otra vez ¡no estás! Más cuando miro a un costado ahí te veo. Quisiera tocarte, que seas real. La magia de un beso no imaginé. Si me hubieran prevenido tampoco hubiera creído. Consecuencia o castigo de mi travesura, siento amargura en la habitación, desolado lecho que hecha de menos oficiar de escenario de tu sublime actuación. Aunque sea en tus sueños me confortaría saber que me encuentras, que soy tu adorada, tu fascinación, que cuentas estrellas y cada minuto, deshojando pétalos por si tienes mi amor. Como no puedo borrarte tu historia está ahí, a mitad de mi diario y dentro de mí. Será que el amor que yo vislumbré D...