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Tú y Yo

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Fotografía: Inpired de Nastia Vesna Somos lo más parecido al agua y el aceite Aunque a vos te guste el día y a mi también. Se que soy ansiosa y a vos no te cuesta esperar Más a veces temo que en tu paz haya desinterés total. Ambos guardamos el corazón hace mucho tiempo Sólo que el mío juega a animarse a más. A su manera, vivimos entre temores Y nos paseamos como si la mayor seguridad Nos hubiese sido regalada, Cuando en nuestras miradas se lee la verdad. Anoche te esperé y no llamaste así que desesperé y salí Mientras vos pasabas el tiempo frente al televisor. No quise pensar en ti estas semanas, fue inevitable. Hoy me encontré con tu mensaje en el celular. Sigo, inútilmente,  tratando de entenderte. No puedo negar que me alegró la sorpresa Más ahora ya no me puedo concentrar en nada más. Tu sonrisa idiota y tus ojos de miel me empalagan el alma. Y me gustas. Así como hay algo que te gusta de mi, Aunque no tenga la remota idea de lo que pue...

La persona

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Llegó a casa con ganas de autocompadecerse. Además ella, se había marchado pero, iba a regresar. Temía no poder sobrellevar esas dos semanas Más se daba cuenta de su gran ansiedad. Tratando de reconfortarse con un cappuccino, Sonó el teléfono y acudió -sin ganas- a responder. Una voz calmada pero alegre al otro lado le comentaba Lo difícil que se había puesto su agenda. Su rostro estresado se relajó en ese momento Y la tibieza de la infusión pasó a segundo plano. La serenidad de esa voz resultó una caricia. El tiempo de espera parecía de pronto haber disminuido Aunque solo unas cuantas palabras les hayan acercado. Después de colgar, una sonrisa cómplice le brotó, Mientras que los pies volvían a tocar tierra firme. Eran amigas hace más de tres años Y las posiciones se invertían, como la marea ante la Luna. Para sacar fortaleza y alentar las concreciones, Era aquella persona con la cual contaba para calmar sus días Y, con cierta conciencia, por alg...

Besos de película

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Quiero llegar en el momento justo En que unos ojos sinceros se posen en mi Para que mi mirada valiente los enfrente Y generar en las caras una sonrisa amplia. A continuación, los metros irán disminuyendo, Las manos lentamente se podrán encontrar. Así, la respiración dejará de ser un misterio, El olor se encenderá como un señuelo. El corazón deberá imprimir su ritmo al momento En que los labios al fin descansen en su par. Un mechón de pelo entrometido Hará cosquillas en el pómulo  Pero fracasará en interrumpir  El momento indeclinable En que todos los planetas c onspiraron  Para arribar a este fin. Fotografía Inspired, de Nastia Vesna

A escondidas

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Lo intento, una y otra vez. Nunca parece valer la pena el esfuerzo. Ni siquiera lo notas. Mientras, sigo aquí Esperando tu mirada de aprobación. Llamar tu atención parece imposible.  A veces, al caerme, te acercas hacia mi, Por un leve instante,  Y creo que esta vez Será por un buen tiempo. Rápidamente levantas vuelo,  Y pierdes la mirada en un horizonte Donde estarás sin mi,  Porque intuyes que, Finalmente, yo estaré bien. Sin ti, pero bien. Dudas, bastante seguido. Esperas a que me duerma  Y me vienes a controlar. Con un beso de buenas noches Me bendices Y desapareces en la oscuridad. Siempre te espero, Añorando el abrazo En el cual pueda descansar. Se que es vano. Las cosas ya no cambiaran. Una suerte de instinto de supervivencia Mantiene la fe en ti. Tal vez, sea la misma fuerza  Que me ayuda a dormir. Han pasado largos meses  Desde la ultima ocasión  Que me animé a soñar....

La historia del taxi

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Apurada salió de casa, dio la vuelta a la manzana para llegar a la avenida y tomar un taxi. El semáforo cambió a verde y le impidió cruzar; el conductor la vió y respondió con rapidez para esperarla. Se tranquilizó cuando notó que el auto ya aguardaba; en pocos segundos ya habían emprendido la marcha. Había tenido una semana agitada, de esas donde las emociones son ambiguas y el pesar persistente. Los tiempos calculados fueron correctos, así que simplemente aprovechó el viaje para relajar la mente.  Más, como buen taxista, el chofer tenía algo que comentar. Pasaron por una manifestación, lograron circular, “porque no era lunes” - dijo él. Pasaron por una villa de emergencia, le habló de la inseguridad y del compañero que no pudo zafar. Pasaron por la estación Terminal de ómnibus interurbanos, “pero que linda está”- susurró. Y no supo bien como salió el tema de la felicidad. “Tan sólo después de veintiocho días de habernos conocido, ella y yo nos casamos” Con u...

La que partió

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Extraño a la pobre ingenua que fui, La que se creía el cuento de cada infeliz. La que apostaba al mañana con tan sólo unas migas. Quien no escuchaba al reloj cuando le decía “él ya no vendrá”. Aquella llena de ilusiones y curaciones para el alma. La tonta, la buena, la que no sabía pedir Y que se conformaba con oír quince minutos Cuestiones superfluas e historias que jamás hablarían de sí. Hecho de menos la alcoba decorada para dos, La casa perfumada y en orden, El mantel nuevo y prolijo en la mesa. Las flores frescas en el ventanal. Me falta la confiada y generosa, La que no buscaba nada pero esperaba todo, Esa que entre espinas se entregaba a sentir Aunque en el fondo dudaba si se iba a repetir. Se ha marchado la hermosa, la fresca, la alegre, La que siempre dio sin nada recibir. Quien parecía de hierro y resultó de cristal. La que golpe a golpe pudieron quebrar. Ella, la soñadora, la enamorada de la vida, Aquella que defendía los bombones c...

La historia del Bar

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    Se conocieron un sábado a la noche. Elvira tenía una copa encima mientras que Augusto portaba algunos tragos de más. Los dos salieron aquella noche para acompañar a unos amigos: los dos salieron distraídos sin mucha intención.    Después que sus compañeros entablaran el diálogo en la barra que todos compartían, volvieron sus miradas errantes hacia los ojos del otro. Lo pensaron por un instante y empezaron a charlar. De los otros se olvidaron y se animaron a bailar.    Con la madrugada llegó el primer beso y la invitación para algo más. Tomados de la mano partieron juntos a desayunar. Querían seguir compartiendo historias y escribir una más.    Para la hora del té, ella propuso un pacto de treinta días, ni uno más. En caso de que él aceptara, el lunes debía confirmar.    Augusto pensó la propuesta, compromiso no andaba buscando pero, ella dejó bien en claro que el día treinta y uno ellos volverían a ser dos extraños. Le llamó ...