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Whatsapp miente
Detrás de un teclado hay un corazón que no escuchamos aunque estemos con el vibrador. Una persona cansada que responde solamente “bien” a la profunda pregunta de “Cómo estas?” Un “te quiero” desde la cama de un extraño porque al destinatario no lo fue a ver. Unos chistes sin gracia, anónimos, reenviados sin ganas tan sólo al listar a unos diez. De perfil una sonrisa impostada en un evento extraordinario que la ordinaria vida no alcanza sostener. Cuantos “vení”, “mañana te veo”, “te extraño, ahí voy” “te necesito a mi lado ahora”... Que no se dicen, que se borran, que quedan pendientes para coordinar... Cuántas ganas escritas que nunca se llegan a concretar... Cuántos besos dibujados que nunca son entregados... La única red es la tensa línea de fibra óptica que nos consume luz y difumina acciones. Ahorra abrazos, evapora cafés, siente por fotos y conoce supuestas alegrías. Ocupa memoria de líneas y nos borra los versos, la verdadera poesía de salir a la vida y e...
La historia del Bar
Se conocieron un sábado a la noche. Elvira tenía una copa encima mientras que Augusto portaba algunos tragos de más. Los dos salieron aquella noche para acompañar a unos amigos: los dos salieron distraídos sin mucha intención. Después que sus compañeros entablaran el diálogo en la barra que todos compartían, volvieron sus miradas errantes hacia los ojos del otro. Lo pensaron por un instante y empezaron a charlar. De los otros se olvidaron y se animaron a bailar. Con la madrugada llegó el primer beso y la invitación para algo más. Tomados de la mano partieron juntos a desayunar. Querían seguir compartiendo historias y escribir una más. Para la hora del té, ella propuso un pacto de treinta días, ni uno más. En caso de que él aceptara, el lunes debía confirmar. Augusto pensó la propuesta, compromiso no andaba buscando pero, ella dejó bien en claro que el día treinta y uno ellos volverían a ser dos extraños. Le llamó ...

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