Ineludible avidez

   Si al menos nos hubiera unido el amor y no el deseo...
Ese travieso deseo que busca salirse de curso a cada rato 

   y al final de cada encuentro; 
que es fugaz después que toca la piel 
   y al mismo tiempo cautivo de su hedonismo
y su afán de conquista. 
   Aquel que descubre lo exquisito cuando bien intuye 
entre los aromas pertinentes.
   Deseo caprichoso que se obnubila ante esos labios rojos; 
más luego, perenne al poco tiempo de consumada la osadía.
   Es también lo escurridizo cuando estoy y no estás. 

En ocasiones es prohibido, si hay otros mirando hacia aquí.
   Oh deseo fugitivo cuando elijo alejarme de ti.
Maldito deseo del que no logro huir, 

   el que no logro manejar; 
que nos atrae y, más de una vez, 
   nos aleja aunque estemos cerca.
Deseo que no tienes rostro, ni raza ni religión. 
   Pero, que resultas tirano y egoísta 
acaparando todos los sentidos.
   Deseo inflamable con tan sólo una mirada o un tono de voz; 

que no me dejas dormir o bien, que me dejas rendida.
   Deseo retórico, oportunista o sagaz, 

bien compartido y a veces perdido.
   Por eso, deseo que necesito 

para concebir la grandeza de sentirse vivo.

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Fotografía: Nastia Vesna


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