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Mostrando entradas de junio, 2013

La soberbia

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Te voy a comer. - le dijo. Por minutos, por horas, por días O de a poquito toda la vida? - le respondió. Él no supo que responderle. Se asustó, quedó mudo. Soltó una sonrisa insegura Y se alejó. Se fué cuestionando El porque le atría tanto Aquella mujer tan soberbia. Yo era un simple espectador.
Ella se quedó algo perdida, Había sido abierta y divertida, Se había puesto a su nivel. Pero no se entendieron. Dicen que a menudo, Hombres y mujeres no se entienden. ¿Ella estaba por encima de él O él se sintió por debajo de ella? Es cierto, hay seres insoportables. También es claro que hay gente cerrada Como las hay de las más simples y abiertas, Que mucho se esfuerzan por mejorar.
Ese orgullo, esa cosa altiva, Leída como sentimiento de superioridad Que sin ser altanería, Percibimos como un trato despectivo... Sin mediar causa pero que, Frente a los demás provoca y Prolifera como ser desconsiderado Hacia otros que eligen sentir así. Eso suele acontecerle a la mujer segura Quien parece feminista más, No le queda más remedio q…

De momentos rosados

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Nos gustaba comer pomelo, preferentemente rosado, pero teníamos distinta forma de pelarlos. Yo lo partía al medio para endulzarlo y vos, vos lo pelabas para desarmarlo en gajos. Eras el hombre que mamá soñó para mí pero no conoció por estar haciendo arreglos en su castillo de cristal. En eso, una media noche, te despediste con un beso de hasta mañana, me arropaste y partiste, dejando pendiente la mañana en que regresabas. Un día te fuiste -para nunca regresar- a un lejano país de los que nunca hay pasajes para comprar. No me diste tiempo para decirte que yo estaba dispuesta a ir contigo... El tiempo pasó, yo sigo intacta. Y siempre compro pomelos, rosados preferentemente.



















Fotografía: Nastia Vesna