De momentos rosados

Nos gustaba comer pomelo, preferentemente rosado,
pero teníamos distinta forma de pelarlos.
Yo lo partía al medio para endulzarlo y vos,
vos lo pelabas para desarmarlo en gajos.
Eras el hombre que mamá soñó para mí pero
no conoció por estar haciendo arreglos en su castillo de cristal.
En eso, una media noche,
te despediste con un beso de hasta mañana,
me arropaste y partiste,
dejando pendiente la mañana en que regresabas.
Un día te fuiste -para nunca regresar- a un lejano país
de los que nunca hay pasajes para comprar.
No me diste tiempo para decirte
que yo estaba dispuesta a ir contigo...
El tiempo pasó, yo sigo intacta.
Y siempre compro pomelos, rosados preferentemente.




















Fotografía: Nastia Vesna

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