Renacimiento

Pintura: Leandro Lamas


Casi con seguridad fue un día nublado.
La historia dice que pudo ser trágico
Pero sólo transcurrió agridulce.
Sucedió en madrugada,
Casi una noche larga,
Para todos no era la primera vez.
Ella con la piel helada estaba sola,
Nadie se quedó para cuidarla,
Mientras el fruto estaba sano y salvo.
Su madre sintió el llamado interior,
Impulso repentino y veloz por acudir,
Acomodó a los niños y salió raudamente.
Me gustaría contar donde estaba él,
Pero no lo recuerdo bien,
Algo importante tuvo que entretenerlo.
Minutos más tarde la madre llega,
No encuentra a su hija,
Nadie tiene presente donde está.
Más algo le dice que puertas abrir,
No hay dudas, no hay tiempo,
Va directo a donde tiene que ir.
La escena es irrepetible, desoladora,
Blanca como nieve yace en la camilla
Ella, que acaba de parir.
Inmóvil y abandonada se encuentra,
Inundada de fragilidad y descuido,
Al borde de no abrazar la nueva vida.
Corridas, un grito certero, mantas.
La puerta de escape se cierra y
La luz desaparece detrás.
No era el momento de partir,
Ella debía permanecer,
Sus niños la aguardaban.
Así, aparecieron los ausentes,
La jornada recuperó la calma
Y el día terminó con normalidad.
Cuando ella recobró la conciencia
Descubrió que fue niña esta vez
Contra todos los pronósticos.
Sintió alivio, aunque la ropa
De tres hermanos varones no serviría más,
Sabía que todo iba a salir bien.
Los años pasaron con alegrías, lamentos,
Muchos ensayos, inevitables errores,
Grandes fortunas y faltas de todo tipo,
Algunos días fueron realmente buenos
Y otros no tanto.
Como en cualquier familia,
Crecer fue inevitable, para algunos,
Mantenerse unidos 
Fue determinante para todos.

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