Aprendí a decirte quiero

Noté las emociones que cada ser me producía.
A veces tuvo importancia,
En ocasiones que haya una relación no tenía que ver
Más siempre, había cierta predeterminación
Según cuan más favorable o negativa fuera la cosa interior.

A medida que fui madurando y conociéndome
Pude descubrir hasta donde yo podía moderar mi sentir.
También me cultivé en darle espacio y no cargar de significados,
En base a prejuicios, lo que recién estaba comenzando.
Luego se convirtió en un alivio.

Pude descifrar el código cargado en cada sentimiento
Y así, mejorar su interpretación para mi crecimiento.
Mis vínculos con los demás se volvieron más saludables.
Ahora, insto a mis compañeros de vida a buscar su verdad,
A comunicar con claridad lo que llega a latir.

Tuve que empezar yo primero
Poniendo en palabras las sensaciones;
Aprendiendo a pedir, acostumbrándome a mi voz;
Otorgándole espacio a quienes me lo quieren dar;
Reconociendo mis valores y mis capacidades.

Así, mantener la mirada firme delante de otros ojos,
Aunque fuesen los propios reflejados en el espejo;
Logré reconocer mi presente, mi lugar, mi postura
Y pararme a defender mi futuro, mi ilusión y mis anhelos;
Tuve que hacer el ejercicio de querer y aprender a decir te quiero.

Noté como todo ha a mi alrededor también ha ido evolucionando.
Alcancé, sin pensar, un nivel de confianza muy satisfactorio.
Se que me hablo y se que me escucho.

Y que las puertas doble bisagra están abiertas como nunca antes

A todo aquel que ansíe mis puertas cruzar.



Foto de Brian Fawcett

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