Enero nuevo

Me desperté acalorada este sábado dos de enero, cuando sonó mi celular. Miré la hora, no había sonado la alarma aún, dudé en responder pero me pareció importante; temprano me ponía en el lugar del otro... Habían más mensajes de la noche anterior a los que decidí darle importancia. Reacomodé mi cuerpo en la cama. Mi perro cachorro notó mis movimientos y vino a saludar. Por suerte dormí con ventilador -cosa que evito-, mi hija está de vacaciones y pude usarlo en segunda noche consecutiva. Sentí gratitud. Me levanté de la cama, acaricié a mi perro y me volví a acostar pero boca abajo. El ventilador giraba para un lado y para el otro, y otra vez giraba para un lado y para el otro. Hoy podía sentir la ventilación como caricia, hoy el calor era menos bravo que ayer, hoy miré de nuevo la hora y me despedí de las sábanas revueltas y con presencia de perrunas huellas pequeñas.
Mientras caminaba por la casa repasaba este año nuevo, los seres presentes, los grandes ausentes, lo que no quiero postergar más y lo mucho que aún debo liberar. Mi cuerpo cansado disimulaba pereza y, en la heladera casi vacía, una fruta busqué. Elegí entre dos bananas casi idénticas y luego mastiqué a conciencia pero con dejo a prisa, mientras mi mirada se perdía por la ventana de la cocina y mi perro perdía su mirada en mí. Breves instantes entre preparar la mochila, el desayuno del pequeño, vestirme, sacar la basura y partir. Amanece a diario que no es poco, hay trabajo y vale mucho, la pasión aún espera su turno y el amor, aunque no lo veamos siempre está. Quizás podamos poner ternura en el camino y busquemos algo nuevo, protejamos algo viejo, reclamemos algo prestado y visitemos un azul mar. En la lista hay otro vestido blanco, amistades valiosas y vigentes, libros que tal vez no leímos ni queramos y azul sólo caben el cielo y el mar porque prefiero los ojos verdes, como los de mi abuelo.
La mañana transcurre sin importar mi humilde opinión, la luz entre las cortinas se asoma, un té con jengibre me acompaña y Jack Johnson sonando me hace recordar... volveré y seré millones de buenas sensaciones, ahí donde fui muy feliz. Mientras tanto, pienso todo lo que ahora me hace feliz y la paz, esa que conocí en soledad. Pues dicen, quédate contigo para nunca más sentirte solo. Y así elegir quien a tu lado debe caminar por elección, por destino, por aprendizaje, por atracción, para variar un poco y tener con quien bailar. Me encanta bailar. Y cantar! se que desafino seguido pero ambas me hacen sentir más viva, más intensa, como si pudiera volar y flotara a cual pluma en el aire y llegara bien lejos, en danzantes movimientos, como los de las mantis religiosa, no cuando boxea sino en su balanceo rítmico, en sutil swing.
Imagino un campo de golf. Yo estoy parada en posición y establezco el primer objetivo, me preparo y lanzo el golpe. Acierto! Me desplazo algunos pasos y establezco el siguiente objetivo, me preparo y lanzo el golpe. Acierto! Me desplazo algunos pasos más y establezco el próximo objetivo, me preparo y lanzo el golpe. No acierto. Me preparo mejor y lanzo el siguiente golpe. Acierto! Me desplazo algunos pasos con mayor confianza y establezco el siguiente objetivo... Bienvenido 2016, vamos a jugar juntos.

Bettina Dávalos.


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